Vainica Doble

VainicaDoble

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Ballenas azules ponen cascabeles a los gatos.  Iconoclasta enamorado canta coplas entre amapolas marchitas. Máquinas infernales lanzan llamas mientras  cientos de bolitas de algodón se posan a la sombra de un árbol frutal. Días fríos y lluviosos. Inviernos bocabajo, pataleando en jardines de cristal. Berrinches y quebrantos. Trampas prefabricadas al final de día… al final de la escapada. Elegantes taquicardias perdidas en el tiempo.  Miradas disfrazas niegan pasos en falso ante el poderoso colibrí.

Dulce mermelada de soles deja ciego al manirroto embustero.  Agazapado en la esfera de la existencia. Alcanzar el tiempo para dejar de ser trivial. Carbonizarse ante la impávida e inmutable hipocresía. Proscrito, apóstata… la sociedad con cara de limón. Envolverse en melodías y abandonarse en la búsqueda de eslabones perdidos, al encuentro de lágrimas de cocodrilo.

Abrir los ojos y la nariz. Encontrase superado por agujetas del color del estragón. Fatal requiebro ronda la chirriante mollera. Escupir con saña la ira con una efímera sonrisa. Adaptar la mente al inevitable presente. A la salida de la gran fisura, elegantes sonidos se despachan a gusto mientras cantan nanas  a las estrellas. Mientras tanto, el regusto del último lingotazo al orujo de vainica, os deja en el paladar un embriagador aroma que ya nunca volverá.

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